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Revisando el aparejo, detectar daños ocultos

28/03/14

Pocas revisiones a bordo merecen que seamos tan meticulosos como con la jarcia fija. Al desgaste continuado, las presiones, las cargas y los golpes hay que añadir la corrosión externa a la que está expuesta en uno de los ambientes más abrasivos que nos podamos imaginar: salitre, sol y humedad. TEXTO E ILUSTRACIONES DE ISIDRO MARTÍ


 

La jarcia de un velero es esencialmente una máquina. El palo produce una carga de trabajo en la jarcia fija, los herrajes y los cadenotes en cada bordo, trasluchada y pantocazo. También trabaja la jarcia de labor, las drizas y las escotas sobre las poleas, con los movimientos de botavara u otros aparejos. Incluso cuando navegamos a motor en un día de calma, los cables y herrajes están bailando al ritmo de un pistón.

Veamos los elementos y puntos clave a revisar y qué hay que buscar para asegurarnos de que nuestra jarcia fija está sana.

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Verticalidad, simetría y abolladuras en la zona de las crucetas es lo primero que debemos comprobar.

 

Verticalidad y simetría

Lo ideal sería empezar con el palo sobre el suelo, pero si no es así lo revisaremos armado sobre cubierta. Entonces aflojaremos la tensión de estays y obenques, para permitir que el palo tome su forma natural. Con el ojo a pie de mástil, miraremos el tope de palo, para comprobar que no tiene curvatura hacia popa o proa ni hacia los costados. También comprobaremos que no aparezcan abolladuras, golpes ni grietas. Una abolladura en la zona de las crucetas es muy mala señal. Un golpe de botavara en una trasluchada violenta sobre los obenques de sotavento puede ser la causa. En caso de apreciar alguno de estos síntomas, consultaremos con un especialista.

 

Grietas

La aleación habitual del aluminio de los palos y las botavaras es fuerte pero quebradiza. Tenemos que examinar el palo y la botavara meticulosamente alrededor de cada pieza unida al mismo, para detectar grietas o bultos de los agujeros. Prestaremos una especial atención a la unión de las crucetas con el palo y a los anclajes de las contras hidráulicas en la botavara. También comprobaremos que no se producen rajas en los extremos de los tubos del palo y de la botavara.

 

Soldaduras

Los topes de los palos suelen estar soldados. Examinaremos las soldaduras con una lupa. También lo haremos en el resto de cordones de soldaduras, especialmente al final, donde se suelen iniciar las grietas.

 

Aspecto exterior

La mayoría de palos de aluminio están anodizados, algunos están cubiertos con poliuretano. Los dos tratamientos protegerán al aluminio durante décadas mientras el recubrimiento permanezca intacto. Pero es posible que se produzcan brechas, la mayoría producidas por causas externas como la jarcia de labor. Controlaremos las zonas donde grilletes o mosquetones de drizas puedan haber producido daños. Mantener la jarcia alejada del palo cuando no trabaje es una buena práctica.

 

Oxidación

La corrosión es el enemigo de todas las partes metálicas del barco, pero en el aluminio puede ser un amigo. La capa blanca que se forma sobre el aluminio al oxidarse tiende a protegerlo de más corrosión. Una superficie cubierta de óxido no es un problema inmediato grave, pero nos avisa de que el anodinado ya no está por lo que tendremos que sanear o consultar con un técnico.

 

El estado de los cadenotes es una fiel fotografía de cómo encontraremos el resto de la jarcia.

La corrosión con perforaciones o inicio de las mismas ya es otro problema. Si la corrosión ha afectado la superficie de tal manera que ya se produce una pérdida clara de espesor, la resistencia del palo estará afectada. Antes de que la situación empeore, solicitaremos la opinión de un técnico.

 

Corrosión escondida

Es importante revisar el pie de palo, o en la zona de la fogonadura para detectar posible corrosión. Son zonas donde se puede producir, por lo que es recomendable desarbolar para revisarlo de una manera meticulosa. Otro detector de posible corrosión es el agujero sobre el que se ha atornillado un herraje de acero inoxidable. Podemos sacar algún herraje que no trabaje y comprobar la rosca del mismo. Si sale rebajada o dañada detectaremos la corrosión. Existen inhibidores de corrosión especiales para colocar en los tornillos de acero inoxidable. Consultaremos con un profesional si somos nosotros los que realizamos el montaje.

 

Comprobaciones a pie de palo

La base del palo es evidentemente uno de los puntos a revisar, dada su componente estructural. Comprobaremos que no existan grietas en la superficie que soporta el pie de palo, si está apoyado sobre cubierta. En caso de haberlas podría existir un problema en el puntal, el mamparo o el bao. El pie de palo normalmente se apoya sobre un disco de madera o fibra laminada para  repartir el esfuerzo. Con un punzón comprobaremos su estado para ver que no se haya podrido. Nos aseguraremos que los drenajes a pie de palo están libres y limpios. El agua acumulada en el interior del palo es muy dañina de cara a la corrosión.  El palo nunca debería estar directamente apoyado sobre la quilla. Debe hacerlo sobre un plan reforzado para transmitir el esfuerzo al casco y para mantener el pie de mástil alejado del agua de la sentina.

Si desarbolamos, el palo puede descabalgarse de su  carlinga, por lo que nos aseguraremos de que el palo esté atornillado a la misma y ésta lo esté sobre su base.

Nos aseguraremos de que la zona de la fogonadura esté reforzada con un bao, o que un tensor evite que la cubierta se abombe sobre el palo.

Si el palo atraviesa la cubierta, nos cercionaremos de que la fogonadura es estanca, con un sistema eficaz que evite la entrada de agua. Aprovecharemos para comprobar que está bien alineado y sujeto correctamente.

 

La zona de la fogonadura es una de las más delicadas por lo que hace a filtraciones y movimiento.

El tope del palo

Realizaremos una inspección visual de los herrajes y anclajes. En caso de que esté desarbolado, intentaremos desmontar el tope para realizar una inspección interior. Puede ser que los tornillos estén  clavados al palo por lo que esta operación es aconsejable que la haga un profesional. Comprobaremos que las poleas giran sin dificultad. También comprobaremos que las poleas de las drizas no tengan un excesivo juego lateral que podría provocar que la driza se cabalgue sobre las mismas y se salga de su recorrido. Unas arandelas colocadas al respecto pueden resolver este problema.

Revisaremos los pasadores de los tensores y los agujeros de las pletinas, para apreciar si se han ovalado o doblado. Nos aseguraremos que las drizas de cabo presentan un buen aspecto, con sus fundas sin roturas o erosiones. Si son de cable reemplazaremos las que estén deshilachadas o muestren torsiones defectuosas. También miraremos que no se produzcan grietas en los anclajes de inoxidable de los obenques en la perilla.

 

Luces y equipos

Aprovechando que estamos en el tope, controlaremos que las luces funcionan. Miraremos que los cables y anclajes de la antena y los equipos electrónicos están bien. Nos aseguraremos de que la radio no esté en marcha. Comprobaremos la protección de los cables y su entrada en el palo. Mientras descendemos también comprobaremos la luz de tope o navegación a motor, el proyector de cubierta y otros equipos.

 

Obenques

Realizaremos la prueba del algodón: pasaremos un pedazo de algodón por los obenques y estays para comprobar que ningún cable está roto. En caso de que así sea, una sola rotura ya implicará la sustitución de ese estay u obenque.

 

Terminales de jarcia

Comprobaremos la simetría del terminal, en caso de estar curvado lo tendremos que sustituir. En los terminales bajos es posible que se haya introducido agua en el cabezal, produciendo oxidación patente, lo que nos hará desconfiar de los mismos. Si apreciamos grietas en los tubos de los terminales, aunque sean pequeñas, también los sustituiremos.

 

Subirse al palo

Sólo subiremos al palo si tenemos muy clara la maniobra y nos ayuda alguien experto. Se utilizará una buena guindola, doble driza y se extremarán las precauciones. Se usarán nudos bien hechos o grilletes. Se hará la maniobra con el palo asegurado, y se procurará evitar la caída de herramientas a cubierta mientras además se despeja la zona de trabajo. En caso de no disponer de la forma física adecuada o de dudar sobre la maniobra, se contratará un técnico, algo que se recomienda para la primera vez.

 

Conclusiones

La mayoría de los casos explicados se aprecian visualmente. La ventaja de la jarcia fija y de labor, y de los herrajes de acero inoxidable, así como los tubos de aluminio, es que “avisan”. Avisar quiere decir que se ven las alteraciones estructurales o superficiales que nos pueden preocupar. Pero para verlas hay que fijarse, y muchas de ellas están muy altas o escondidas.

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