Las duras condiciones meteorológicas, con vientos fuertes y olas cortas de proa (típicas del Mediterráneo) durante 40 horas, marcaron la segunda etapa de la Palma-Melilla-Palma, de la clase Mini.

Unas condiciones que el veterano Miguel Rondón calificó de “rompebarcos y rompepersonas”. Tras casi dos días de ceñida –y la retirada de dos de los 30 participantes–, el viento roló al SW y permitió una navegación mucho más cómoda con viento portante hasta Mallorca.
Esta dureza no impidió que los dos primeros clasificados de la ida repitieran triunfo en el regreso a Mallorca: el prototipo francés Optimum, de Mateo Le Calvic y Arthur Meurise, y el barco de serie italiano Red Hot Mini Pepper, de Nicolo Gamenara y Giacomo Nicchita. El mejor español volvió a ser el Suricate, de Tomás Ruiz y Carlos Manera, de la Base Mini Barcelona, quinto en la categoría de Serie. Hugo Ramón, patrón del Cristalmina-Majorica e impulsor de la regata como vocal de vela del Real Club Náutico de Palma, destacó la dureza de las extremas condiciones del inicio de esta etapa y se mostró muy satisfecho con la organización y la acogida de la prueba: “La flota ha agradecido el apoyo recibido tanto en Palma como en Melilla. Para la mayoría, lo importante era sumar las millas necesarias para la Mini Transat de 2025”.
Tras esta experiencia, la organización se confirma en su intención de programar esta regata cada dos años.
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